Inspiración

Siempre nos quedará una sombra, una cueva, un abismo,

un lugar en el que guarnecernos del temporal,

un recoveco donde escondernos

de nosotros mismos, de nuestras pesadillas.

Un infierno donde desatar a nuestras bestias,

para que hagan sus necesidades.

Siempre quedará una celda vacía

en la que encerrarnos por nuestros futuros pecados

y proteger de nuestra locura, al resto de mortales.

Siempre, una linea vacía

o un margen izquierdo de página

o tal vez una página entera, en blanco,

donde podamos hacer garabatos,

balbucear o abandonar miles de palabras sin sentido,

sin que, ni siquiera nosotros,

sepamos lo que allí se recrea.

Siempre, un silencio,

un apagón o una gotita de lluvia

o puede que sea un beso, un recuerdo

o el recuerdo de un beso.

Puede ser un perfume, un sabor

o quizás sea una puta canción.

Tal vez ocurra en el metro o en el andamio,

en la cola de la pan

o peor, en la del paro.

Tal vez suceda mientras le miras a los ojos,

o mientras él te acaricia un pecho,

en mitad de la cena, antes de un examen de mates

o tras un brutal orgasmo.

Siempre ocurre así, te tropiezas con algo

que ni siquiera ves venir,

con algo que te provoca y que ya no quieres evitar.

Solo te quedas quieto, te desnudas muy despacio,

y dejas correr el agua fría de la bañera,

hasta quedar por completo sumergido.

No escuchas nada,

apenas los latidos de tu corazón,

desvaneciéndose poco a poco hasta que,

en el último momento, emerges un ratito.

Con la primera bocanada de aire,

llenas tus pulmones y con mala hostia,

lanzas un verso libre, un grito, un símil

contra el vacío de un folio aún virgen,

donde vomitas, sudas, lloras y sangras,

donde eyaculas, hasta la última gota de tu ser.

Al final solo, agotado, solo te queda mirar,

ver todo aquello y a veces,

tratar de descifrarlo para comprenderte y

buscar una justificación a todo lo que te ocurre.

Y cuando eso pasa, tal vez y solo tal vez,

puede que hayas encontrado un pedacito de ti.

 Aunque nada cambia,

es tan solo un pedacito de ti

y siempre quedará otra sombra,

otra cueva, otro abismo,

donde hallarte escondido.

M.B.14

greo

IMAGEN TOMADA DE:

GOTHIC SOUL ART – BEST OF
– ESSENCE OF THE GROUP –
EDITOR’S CHOICE AWARD- HONORABLE MENTION 2014-09-19
PHOTO BY TC Suzan Ela Armağan

Manipulación

entretinta

Aun es madrugada, pero sentir tu cuerpo caliente me despierta y con ello las ganas de amarte.

Jugueteo con mis dedos en tu espalda, te rozo, te acaricio y te beso; sientes pero no despiertas, y eso deseo… que NO despiertes en mi madrugada para ti. Después de acariciar tus nalgas, de una u otra forma hago que te voltees, acerco mi nariz a tu piel para percibir tu aroma que me seduce y me altera los sentidos,  tu aroma es indescriptible, pero sé que es el aroma del hombre que amo. El aroma de aquel que humedece mi sexo, me pone dispuesta para él.

Acaricio tus piernas, juego con tus vellos y te lamo, me enamora siempre hacer eso.  Subo, bajo y me detengo.

Coloco mi cabeza en tu estómago y vuelvo a iniciar el ritual de amar y tocar tus piernas; y en ese juego erótico que tiene…

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La leyenda de Eneko Tellagorri

Sí es cierto, ni la naturaleza, ni la propia genética adquirida, habían dotado a Eneko Tellagorri de alguno de los encantos que a otros muchachos les sirven para llamar la atención de las chicas o para al menos, merecer más de dos o tres minutos de atención por parte de alguna de ellas; quizás tampoco su dialéctica ni su oratoria, un tanto rudas y desordenadas, lograsen encandilarlas más allá de la clásica atención por pura compasión.

Pero sea como fuere, Eneko Tellagorri había logrado desarrollar, tal vez por instinto de supervivencia o por puro gusto, una habilidad muy especial con la lengua, un poder propio del mismísimo Eros.

  A la edad de diez años, y mientras otros niños de su misma edad jugaban al fútbol o emulaban ser Indiana Jones, Eneko Tellagorri se pasaba horas y horas abstraído en la lectura de unos libros de temática sexual que halló en el desván de su casa.

Allí pasaba sus horas libres, maravillado por todo lo que en ellos descubría y en concreto por el sexo de la mujer, comenzando a confeccionar dibujos, esquemas y análisis en base a lo que leía.

Pero fueron sobre todo, la práctica y la experiencia que le reportaron sus cada vez más habituales escarceos con Ane y Mirentxu Zazpilanda, dos primas, vecinas de la casa en la que vivía, las que más influyeron en el aprendizaje de aquella habilidad.

–Con nosotras vas a saber lo que es bueno chaval –Le había vaticinado Ane el día que sorprendió a Eneko por la espalda mientras él dibujaba una vulva perfecta– ¿Has probado ya alguna, txiki?

  Acto seguido, y antes de que el joven, dos años menor que ella, pudiese responder, se levantó la falda dejando su rasurado sexo a la altura de los atónitos ojos de Eneko.

–No… ¿no usas bragas? –Con la boca semiabierta y sin perder detalle de lo que tenía a escasos diez centímetros de su boca, aquello fue lo único que alcanzó a responder, después, todo ocurriría muy deprisa.

–No, ni Mirentxu, ni yo las usamos. Así está siempre fresco, ¿te llega lo fresco que lo tengo?

Y ocurrió. Cuando Ane adelantó su cadera para acercar su sexo aún más a Eneko, de la boca de éste surgió, como con vida propia y enérgica, su lengua, golpeando con violencia y quedando apoyada contra los despejados labios de la chica, los cuales, ya comenzaban a sentir su propia humedad.

–¡Joder!, ¿Que ostias tienes ahí, chaval?

  Una lengua inusualmente larga, gruesa y dura pero fantásticamente flexible, capaz de moverse como una serpiente, asomaba por la boca de Eneko.

Convulsa y excitada aunque también un poco asustada, Ane se bajo la falda y tras apartarse de Eneko tres pasos, pese a la flojera de piernas que comenzaba a sentir, salió a la carrera de la habitación de Eneko, tropezando en la puerta con el padre de este.

–Egunon Ane. Agur Ane.*

  Eneko, ¿que cojones le has hecho a la chavala?

Esa fue la primera vez. Ane se lo contó a su prima Mirentxu, quien la hizo jurar que nada contaría sobre aquello, mientras la desnudaba delicadamente.

–Será nuestro juguete moldeado a nuestro gusto. Apenas hay hombres en la comarca e incluso tú podrías casarte con él. Su familia tiene tierras y producen el mejor queso de la zona. Yo me conformaría con alguna que otra visita. –Y se besaron.

Así comenzó una relación a tres bandas que hizo posible que tras dejar atrás la pubertad, Eneko Tellagorri fuese ya capaz de hacer estremecer por completo el cuerpo de una mujer con tan solo rozar la punta de su lengua, apenas en medio centímetro cuadrado, sobre el lugar exacto.

Se comentaba en el pueblo, que solo con ella y en una sola noche, Eneko Tellagorri habría conseguido arrancarle siete orgasmos a Bixenta, la joven viuda que habitaba en la casa situada en lo alto de la colina y que los gritos y jadeos de esta, habían podido escucharse incluso desde el pueblo de al lado, Ibaia, situado a dos kilómetros de Gorriaran.

………………………..

Los nombres de personas y de lugares que aparecen en este relato son todos ficticios, cualquier semejanza con personas o lugares reales es puta casualidad, de verdad.

*Buenos días Ane. Adiós Ane.

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